Me abrazaste por detrás. Me diste un beso."No sé a qué esperas".
Otro roce de labios. Otro más.
"Si no lo hago yo, tú nada, ¿no?"
Siempre me ha dado miedo, no lo entenderías, pero algún día intentaré explicártelo. Te besé como compensación. En la boca, en la cara, en el cuello. Me acomodé entre tus brazos.
Miré el cielo. Estrellado... cómo me gustan las noches de verano. Y aún más... así.
"Hay una noche en la que se ven muchas estrellas fugaces...", comenté.
"Sí, las Lágrimas de San Lorenzo."
"¿Cuándo es?"
"No lo sé..."
"Pues averígualo. Quiero pasarla contigo."