Manchas de Carmín

Manchas de Carmín

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lunes, 26 de diciembre de 2011

sólo voy a patalear.

No hay nada peor que quitarle un caramelo a un niño. Y yo ahora me siento como ese niño.
Pero no voy a llorar. Sólo a patalear mucho y ruidosamente hasta que mamá me consiga otro. O hasta que aprenda que una vez que has perdido algo, valorarlo no sirve de nada.

¿Quién pelea más? ¿Un niño que intenta que no le quiten un caramelo o el adulto que se lo quita?

viernes, 16 de diciembre de 2011

jueves, 15 de diciembre de 2011

R.

Raquel siempre llora cuando cocina. O siempre cocina cuando llora.
O, quizás, únicamente es la cebolla.

sábado, 10 de diciembre de 2011

¿Dónde ha quedado el espíritu de cometer locuras para luego tener anécdotas que contar a los nietos?

sábado, 3 de diciembre de 2011

viernes, 2 de diciembre de 2011

Capítulo 29

- ¿Desaparecemos hasta Navidad?
- ¿Tú y yo?
- Los dos solos.
- Vale. Pago a alguien para que haga mis exámenes.

sábado, 29 de octubre de 2011

Capítulo 28

- Y nos encerramos un fin de semana en tu habitación.
- Y que nos odie quien quiera... me da igual.

viernes, 21 de octubre de 2011

de tanto fumar.

Miraba fijamente el paquete de tabaco que tenía entre las manos.
"Fumar mata"
"Fumar perjudica su salud"
Llevaba dos años sin fumar. Dos.
Otra vuelta. Agarró el mechero. Lo soltó.
Dos años.
Cualquiera le hubiera dicho que dejara aquel paquete encima de la mesa, que la nicotina no le iba a devolver la sonrisa a su cara.
Sacó un cigarrillo, se lo puso en los labios. Mechero. Fuego.
No. No podía.
Sí. Sí podía. Dio una calada... por la primera discusión, otra por las mil siguientes y otra más por las segundas oportunidades. Se fumó las lágrimas, las sonrisas, los orgasmos y sus ojos. Se lo fumó todo.
Lo había dejado por él y cuando acabó el cigarrillo supo que todo había acabado. De verdad.

jueves, 13 de octubre de 2011

Capítulo 27

- Aun así... gracias por no odiarme mucho.
- No te odio. Ahí está el problema.

domingo, 9 de octubre de 2011

entre extraños

- ...pero te encuentro ahora, justo cuando tú te vas. Ahora que llego yo, tú te vas... ¡Podrías ser la mujer de mi vida y yo el hombre de la tuya! Y te vas a ir sin averiguarlo...
- Pero si lo somos nos volveremos a encontrar, ¿no?
Y él la observa mientras ella se aleja. Ella le mira una última vez, es guapo... Sonríe y espera que sus palabras sean ciertas.